martes, octubre 03, 2006

Escalofríos en la noche

Era ya noche cerrada durante mi último viaje a Nueva York cuando unas luces detenidas en la cuneta de la carretera alertaron mis supersentidos. Intenté aguzar mi superoído con resultado negativo. Había que intentarlo. A pesar de todo, juzgué que la situación era tranquila, así que decidí mantener mi identidad secreta al secreto y, tras detener mi vehículo en las proximidades de las luces avistadas en los márgenes de la carretera, descendí empleando los gestos, indumentarias y aspecto de mi identidad de artista de éxito dudoso y cantante de rock alternativo, José Javier Casas de Pedro. Usé mi supervisión, el cielo tapado podía permitir a algún ladrón, bandido o prófugo de la justicia aprovechar la noche para darse al saqueo del, ahora ya más cerca, descapotable que yacía en un pequeño claro con las luces todavía encendidas. El resultado de usar mi supervsión fue negativo. Me agaché a unos pocos metros del automóvil y volví a utilizar mi superoído. El resultado volvió a ser negativo. Mi deber para con el bien me empujó a acercarme al coche, tal vez hubiera alguien allí necesitado de auxilio, protección o unos cables con que recargar la batería si las luces seguían mucho tiempo encendidas. Me acerqué con sigilo entre la maleza, la noche podía ocultar cualquier peligro escondido entre las sombras acechantes de los alrededores. Di dos pasos, tres, miré a un lado y a otro, nadie a la vista, di el cuarto paso y…

-¡Hola! ¿También has venido a ver qué son estas luces?

Me llevé la mano al pecho, perdí la respiración y tuve que reprimir un grito de terror. Me volví sobrecogido, el ay en la garganta y la mano todavía en el pecho, sin habla y con los ojos como platos por el pánico súbito. Una linda chica me miraba con una cara a la vez divertida y preocupada, dio un paso hacia mí y me preguntó:

- ¿Te encuentras bien?