jueves, octubre 12, 2006

Luces en la oscuridad

Seguía a Marta por la carretera recta jalonada por abetos a un lado y otro que nos debía conducir a Nueva York. Marta conducía rápido y mi maltrecha furgoneta se quejaba de tanto en tanto con un crujido aquí, un chirrido allá y algún zumbido apagado que completaba el concierto. Cuando llevábamos algo más de media hora de camino, otro flamante descapotable, de similar disposición, aspecto y catadura moral al que antes habíamos encontrado varado en la cuneta, nos fue pasando lentamente por el carril de nuestra izquierda. Alterado, exaltado y enfurecido como sólo por un descapotable me puedo enfurecer, exaltar y alterar, aproveché la ausencia de curvas en la carretera, me bajé rápido los pantalones y calzoncillos y, después de hacer luces a la furgoneta de Marta para reclamar su atención, abrí la ventanilla y dediqué un oscuro saludo al conductor de dientes brillantes y mirada altiva que me respondió con gesto airado y agitando su puño. Le respondí dándome dos palmadas en mi trasero y dedicándole palabras rebosantes de cariño, cerré la ventanilla por la que entraba un fresquito inquietante, me subí los pantalones y me senté satisfecho y gozoso. Entonces, a mi felicidad momentánea le sucedió una estupefacción sorprendida y al momento mi gozo se multiplicó cuando vi que, cuando el descapotable pasaba junto a la furgoneta de Marta, su ventanilla descendía y cual luna llena sus nalgas desnudas saludaban con gracia singular al conductor del descapotable que, no pudiendo esconder su gesto de honor ultrajado, aceleró ruidosamente su coche hasta desaparecer en la oscuridad de la noche. Estuve riéndome a carcajadas durante minutos, al extremo de que a punto estuve de perder el control de la furgoneta en alguna ocasión, aunque a juzgar por el vaivén ocasional de la furgoneta de Marta las carcajadas no moraban sólo en mi vehículo. Desde luego esta era una experiencia que teníamos que repetir más adelante. Y así, tras unas pocas horas más de viaje, las nieblas del amanecer nos sorprendieron entrando ya en las afueras de Nueva York.